No seas impetuoso

¿No quieres pagar tus conocimientos de póquer con fichas? Aprende a evitar el juego impetuoso y hazte un regalo permanente.


In game play

¿No quieres pagar tus conocimientos de póquer con fichas? Aprende a evitar el juego impetuoso y hazte un regalo permanente.

¿Queda alguien que siga jugando al pinball? Si no estás familiarizado con el concepto, una falta es una característica de las máquinas de pinball que provoca que se apague (y pierdas) si ha habido demasiado traqueteo durante la partida.

Piensa en tu cerebro como una máquina de pinball y entenderás el juego impetuoso en el póquer.

¿Qué ha sucedido?

A todos nos ha pasado. Estás tenso y te sientes algo presionado. Tienes una mano sólida y estás haciendo todo lo correcto, es tu oportunidad. Entonces, de forma inesperada, alguien te gana de forma muy contundente porque nadie, jamás de los jamases, ha tenido peor suerte en el "river". Un par de manos después, vuelve a suceder lo mismo.

En tu frente empiezan a aparecer cuadraditos perfectamente formados mientras te das de cabezazos con tu teclado. Imploras justicia. El universo se ha confabulado contra ti. La confianza, la estrategia y la paciencia se han convertido en conceptos lejanos, ocultos tras una bruma roja que te cubre los ojos. Dejas de sacudir la cabeza contra el teclado el tiempo suficiente para ver que te han repartido J-4 de distintos palos. Con cara de enfado dices: “A por todas, este bote va a ser mío”. Haces una subida bestial en el centro y DESAFÍAS A QUE CUALQUIERA intente ganarte más fichas…

Y te igualan la apuesta.

Y te ganan.

Y ahora te encuentras con que una situación mala ha pasado a ser mucho, mucho peor.

Tal vez ser impetuoso era una buena estrategia en el salvaje Oeste, cuando los jugadores prudentes se retiraban con una mano sólida contra un vaquero furioso armado con un revólver. Pero en el juego moderno, esta estrategia está abocada al fracaso. Los buenos jugadores captan al instante sus indicios y no dudarán en hacerse con las fichas que se están desperdiciando.

Por qué nos mostramos impetuosos

La actitud impetuosa es una reacción física a un problema abstracto y sus raíces están en la genética. A lo largo de eones de evolución, la naturaleza te ha programado para que respondas a los ataques, devolviendo el golpe o huyendo. No se trata de una reacción voluntaria ni meditada. Las glándulas segregan adrenalina y otros neurotransmisores al flujo sanguíneo que pueden embotar tu proceso mental (si les dejas) y provocar que tengas un comportamiento automático. Esto está muy bien si de repente te ataca un mastodonte mientras estás en tu caverna, pero no tanto si intentas recuperarte de una pérdida grande en una mesa de póquer.

Variación

La actitud impetuosa se contrarresta principalmente con experiencia: cuanto más juegues, más sabrás que los golpes de mala suerte y las malas rachas son parte del juego. Con el tiempo, tienden a compensarse y, si realizas un cálculo sincero, verás que has ganado muchas manos que también deberías haber perdido.

Si tienes menos experiencia y no te gusta pagar esta carencia con fichas de póquer, puedes empezar por aprender a detectar las señales que anuncian la llegada inminente de un comportamiento impetuoso y desarrollar estrategias para que no llegue a aparecer.

Haz una pausa.

El buen póquer se basa en ejercer presión. Si se presiona a un jugador lo suficiente, los ancestrales procesos evolutivos lo irán arrastrando hacia una actitud impetuosa. Si notas que la adrenalina se distara, que sufres períodos de presión largos y experimentas pérdidas, te falta muy poco para que actúes impetuosamente. Tu mejor apuesta en esta situación es dejar de perder y buscar una actividad más tranquila. Pero si sigues Y tienes un golpe de mala suerte, sin duda es el momento de levantarte de la mesa antes de que empieces a hacer el cromañón. Da un paseo corto, levanta pesas o haz cualquier cosa que te sirva para aclarar tus ideas y relajarte. Con la mente despejada debes poder pensar racionalmente en el motivo por el que estás tan combativo y en cómo remediarlo. En un torneo esto resulta un poco más difícil, pero también puedes tomarte un breve respiro.

¡Así es el póquer!

Si acabas de sufrir un brutal golpe de mala suerte y un listillo chilla: "¡Así es el póquer!" es probable que te entren ganas de darle un puñetazo muy fuerte. No pasa nada si tienes estos sentimientos, pero sí es grave si los pones en práctica. Recuerda: aunque desees pegarle a alguien, quizá lo que dice tenga sentido. Si notas que tu medidor de ímpetu está subiendo, lo mejor que puedes hacer es acordarte de todos los botes que has ganado (y que volverás a ganar) a costa de aprovechar tú mismo golpes de mala suerte. Y no olvides que echarle en cara a un rival un golpe de mala suerte es una señal inequívoca de una actitud impetuosa y que los tiburones olerán tu sangre en el agua.

Úsala

La venganza es un plato que se sirve frío. ¿Sientes que empiezas a tener una actitud impetuosa? Pregúntate si es porque has apostado fuerte de forma inconsciente contra una mano mejor o porque te ha superado un rival que ha sido superior. Sea cual sea el motivo, los jugadores inteligentes reconocen la frustración como un indicio de que están haciendo algo mal. Si puedes recapacitar y canalizar tus emociones para depurar tu ataque, te encontrarás en una posición infinitamente mejor que el que se deja llevar por el ímpetu.

Si pierdes en una o dos malas pasadas, verás que los demás jugadores buscan indicios de que te estás poniendo nervioso. Si eres capaz de mantener la calma, es tu oportunidad de contenerte y esperar pacientemente tu turno de devolver el golpe con manos sólidas contra los jugadores que suponen erróneamente que eres débil. Si eres lo bastante suertudo como para encadenar una jugada monstruosa inmediatamente después de un golpe de mala suerte, estarás en una posición perfecta para borrar esos indicios de actitud impetuosa con apuestas grandes y agresivas.

Volver a 'Cómo jugar al póquer'


 


Descarga PKR gratis

Entra en la sala de póquer más sofisticada del mundo. Más información »